
Al despertar, sintió el calido resplandor del sol en su cara, cuando se dio cuenta de que el ya no estaba, al principio pensó que se había marchado, pero luego, se dio cuenta de que algo mas pasaba, ¿Cómo se dio cuenta?, pues simple, no todas las mañanas despertaba sintiendo el humo a su alrededor. Cuando salio, todo estaba devastado, a lo lejos, pudo divisar a Marcello, al verlo sintió como su corazón se aceleraba, lo llamaba a voces, corría, pero aun así, no podía llegar, era como si a cada paso que daba, el camino se alargaba mas y mas, al llegar, solo pudo ver el ultimo golpe, y al amor de su vida, tirado en el suelo…

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-Tranquila, tranquila, ya estas a salvo.-Decía Marcello mientra la acunaba en su pecho, estaba fría, helada y temblaba, no había nada que detestara mas que verla allí indefensa, y saber que no podía hacer nada para calmarla, cuando tenia esos sueños, era como si la secuestraran en otra realidad, y no la dejaran ir, el sabia lo que era, porque el también lo había vivido, había visto su muerte y la de ella, pero sabia que solo le quedaba tratar de calmarla… y de mantenerla segura...
-Te mataba, una y otra vez, y no pude hacer nada para evitarlo, por mas que corría, y corría, no te alcanzaba.- dijo Ara, mientras lo apretaba contra su cuerpo, como para asegurarse de que no se iba a evaporar en el aire.
-Cariño, sabes que solo es un sueño, ya tranquila…
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En otro lugar, en otro mundo, se encontraba, Akari, no sabia donde estaba, ni porque estaba, solo sentía que algo la llamaba, ella no recordaba lo que había sido, ni los poderes que la embargaban, ella había sido una princesa, tenia sueños, en los que regresaba a un castillo, era como estar en casa después de mucho tiempo sin ir, casi podía sentir, la brisa, ondeándole el pelo, rojo como el zafiro, con mechas doradas, que lo hacían parecerse al fuego, podía oír las aves cantando una suave melodía que la aturdía, pero a pesar de esa belleza, sentía como si la hubiesen echado de ese lugar… o al menos, eso le hacían creer…
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La primera batalla había pasado, y aun le quedaba el recuerdo de su enemigo, no había podido verle la cara por la tunica que lo envolvía, solo un pequeño resplandor en los ojos, y un mensaje claro, volvería.
Pero el tiempo seguía pasando, y solo a veces la molestaba en sueños, como para recordarle que aun estaba allí, que cualquier día le arrancaría esa falsa tranquilidad que había podido construir, era como si todos olvidaran, se olvidaron de sus hermanas, de lo que había sido el reino, ahora solo rara vez se mencionaba la leyenda de las princesas que habían sido separadas, ni Marcello, su valiente amor que había jurado encontrarlas había hecho esfuerzo alguno para hallarlas.
-Ara, que tienes cariño.-Dijo Marcello, mientras entraba en el dormitorio.-Hace días que no te veo igual, no comes, no hablas, no sonríes, como antes.
-El viento trae algo, lo siento cuando respiro, y no es algo bueno, tenemos que encontrar a Aysel, Akari y Abira, Marcello, siento que esta guerra, aun no esta ganada, todos se han olvidado de mis hermanas, y se que ellas son necesarias para la derrota de nuestro enemigo, quienquiera que sea, además, las necesito, como hermana, tu sabes lo que es eso, cuando Morgan se escapo, sentiste rabia, dolor, eso mismo siento, yo, solo que ahora no se escaparon, se las llevaron a la fuerza…
-Pero como dices eso amor mío, tu misma viste cuando los derrotamos, o hay acaso, algo que yo no sepa.-Dijo Marcello, haciendo caso omiso de su comentario sobre sus hermanas.
-Marcello, el se apareció ante mi, el día de la batalla.-Dijo Ara mostrándole la cicatriz que tenia en el hombro.
-¿Qué es esto Ara?- pregunto, escudriñando la cicatriz con su mirada.
-Esto, es lo que hace la espada de nuestro enemigo… con tan solo un roze.
-¡¿Cómo es posible?!
-vez, por eso digo, tenemos que seguir preparándonos, no sabemos cuando va a volver.
-Tienes razón, pero, mientras tanto, que tal si esta noche, me dejas borrarte la tristeza, aunque sea por una noche…-Susurro Marcello, mientras comenzaba a besarle el cuello.
-Sabes que, tienes razón, olvidémonos de ese bastardo, por esta noche.-Respondió Ara entregándose a sus besos.-Mañana pensaremos en como acabarlo…

Leslie M. Paredes O.

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