sábado, 11 de febrero de 2012

TERCERA PARTE, RELATO CUATRO ESPADAS

al empezar a prepararse para la batalla, los ciudadanos comenzaron a alterarse, que cosa podria estar pasando, para que la reina estuviera tan alterada, Ara, estaba cada vez mas intranquila, al llegar la noche no podia dormir, tenia que seguir trabajando, sentia, que podia llegar en cualquier momento, y que cuando llegara, no estaria preparada, Marcello se ocupaba de preparar a los hombres, y ella a las mujeres, que tambien habían sido convocadas, esta vez no dejaria nada que el pudirea utilizar en su contra.

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en un recondito lugar, se encontraba kaine, estaba, conciente de todo lo que sucedia en la vida de su sobrina, aquella que debio de ser su hija, tan suya como su madre, tan suya como ese reino, que su hermano le habia quitado, pero ya no era tiempo de lamentarse, el momento de su venganza, habia llegado, y esta vez, todo lo que le pertenecia, seria suyo, solo suyo.

Acaricio la urna que guardaba junto a su cama, el alma de una de ellas estaba ahi, mientras su cuerpo, friamente hermoso, se exponia en su salón privado, era tan hermosa, igual que su madre, verla, era como un constante sufrimiento, solo le alegraba, que para cuando todo acabara, el saldria victorioso, y ellas, pasarian a la historia....


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Akari, habia empezado a trabajar para una joven pareja que habia llegado al condado de Clare, Irlanda, eran amables, y cariñosos, tanto entre ellos, como con los demas, a ella le gustaba su vida, solo anhelaba el hecho, de no tener familia, parecia que hubiese llegado de ningun sitio, que simplemente aparecio alli, aun tenia los sueños en los que aparecia el castillo, de vez en cuando inclusive oia que la llamaban, que la abrazaban, que la amaban...

Un dia cualquiera, mientras terminaba con los deberes de ese dia, sintio el impulso de salir al bosque, ya era tarde, y queria terminar el trabajo, pero ese sentimiento, seguia acosandola, impulsándola, a salir, cuando salio, el aire estaba frio, y una suave brisa invernal le acariciaba el rostro, sin saber como comenzo a caminar en dirección norte, siguio el sonido de un rio, al llegar al margen de este, siguio caminando por el borde, hasta que derrepente, choco con algo, cuando se detuvo para ver que habia sido, se dio cuenta de que era una llave, al recogerla, algo en su interior, comenzo a cantar, todo el espacio se lleno de vida, ella podia sentir un brisa calida, diferente de la que habia sentido antes, sus ojos se llenaron de placer, al ver un grupo de pequeñas hadas bailarinas, formando un circulo en el aire, al tiempo que entonaban un cantico, tan antiguo como el viento, tan profundo como el mar, luego el circulo se lleno de luz, y a travez de el, ya no veia la noche, veia el dia, era como estar viendo una pintura hermosa, todo parecia tan real, cuando extendió la mano, esta atravesó el circulo, al principio, tuvo miedo, pero luego tuvo el valor para entrar...

que lugar mas hermoso, era como un cuento de hadas, lo estaba absorviendo todo con los sentidos, cuando se volteo, se quedo estupefacta, el portal, había desaparecido, cerrando así, su vuelta a casa, en su lugar, estaba el castillo que veía en sus sueños, tan grande y majestuoso como siempre, en el momento en que lo vio todo el miedo desapareció de ella, solo siguió su instinto, y comenzó a correr hacia el castillo, corría y corría, cuando de repente choco con algo... era un lobo negro, con los ojos azules y un mechón dorado que atravesaba su pelaje, al verlo, se asusto un poco, pero luego de un momento, se relajo, hasta que vio frente a sus ojos, como ese lobo, se transformaba en hombre...

-Quien eres, no te había visto por el pueblo.-Dijo Morgan, el hermano de Marcello, quien tenia la habilidad de convertirse en cualquier animal que quisiese.

-Soy... Soy Catherine.- Dijo Akari respondiendo con el nombre que le habían asignado al encontrarla en irlanda.

-Bonito nombre, de donde eres?.- Volvió a preguntar Morgan.

-No se... bueno, vivo en Irlanda, en Clare para ser mas exactos, pero no nací allí, de hecho, no se donde nací.- Respondió Akari

-Irlanda?, en serio, si no me querías decir de donde eres solo tenias que decirlo, no tenias que inventar nada, todos saben que Irlanda es solo un mito.

-No es un mito, yo vivo allá, acabo de llegar por un extraño portal, pero ahora no se como regresar.

-Morgan vio en ella que decía la verdad, y decidió creerle, así que pensó que el mejor lugar al que podía llevarla, era con su hermano, al palacio.

-Bueno, si quieres podemos ir al pueblo, a buscar algo de comida y ropa, yo soy Morgan Concannon, ven conmigo al palacio, a conocer a la reina Ara, ella podrá ayudarte...

-Bueno, esta bien, vamos.

Gage Rodriguez



domingo, 11 de diciembre de 2011

SEGUNDA PARTE, RELATO "Cuatro Espadas"




Al despertar, sintió el calido resplandor del sol en su cara, cuando se dio cuenta de que el ya no estaba, al principio pensó que se había marchado, pero luego, se dio cuenta de que algo mas pasaba, ¿Cómo se dio cuenta?, pues simple, no todas las mañanas despertaba sintiendo el humo a su alrededor. Cuando salio, todo estaba devastado, a lo lejos, pudo divisar a Marcello, al verlo sintió como su corazón se aceleraba, lo llamaba a voces, corría, pero aun así, no podía llegar, era como si a cada paso que daba, el camino se alargaba mas y mas, al llegar, solo pudo ver el ultimo golpe, y al amor de su vida, tirado en el suelo…




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-Tranquila, tranquila, ya estas a salvo.-Decía Marcello mientra la acunaba en su pecho, estaba fría, helada y temblaba, no había nada que detestara mas que verla allí indefensa, y saber que no podía hacer nada para calmarla, cuando tenia esos sueños, era como si la secuestraran en otra realidad, y no la dejaran ir, el sabia lo que era, porque el también lo había vivido, había visto su muerte y la de ella, pero sabia que solo le quedaba tratar de calmarla… y de mantenerla segura...



-Te mataba, una y otra vez, y no pude hacer nada para evitarlo, por mas que corría, y corría, no te alcanzaba.- dijo Ara, mientras lo apretaba contra su cuerpo, como para asegurarse de que no se iba a evaporar en el aire.



-Cariño, sabes que solo es un sueño, ya tranquila…



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En otro lugar, en otro mundo, se encontraba, Akari, no sabia donde estaba, ni porque estaba, solo sentía que algo la llamaba, ella no recordaba lo que había sido, ni los poderes que la embargaban, ella había sido una princesa, tenia sueños, en los que regresaba a un castillo, era como estar en casa después de mucho tiempo sin ir, casi podía sentir, la brisa, ondeándole el pelo, rojo como el zafiro, con mechas doradas, que lo hacían parecerse al fuego, podía oír las aves cantando una suave melodía que la aturdía, pero a pesar de esa belleza, sentía como si la hubiesen echado de ese lugar… o al menos, eso le hacían creer…



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La primera batalla había pasado, y aun le quedaba el recuerdo de su enemigo, no había podido verle la cara por la tunica que lo envolvía, solo un pequeño resplandor en los ojos, y un mensaje claro, volvería.



Pero el tiempo seguía pasando, y solo a veces la molestaba en sueños, como para recordarle que aun estaba allí, que cualquier día le arrancaría esa falsa tranquilidad que había podido construir, era como si todos olvidaran, se olvidaron de sus hermanas, de lo que había sido el reino, ahora solo rara vez se mencionaba la leyenda de las princesas que habían sido separadas, ni Marcello, su valiente amor que había jurado encontrarlas había hecho esfuerzo alguno para hallarlas.



-Ara, que tienes cariño.-Dijo Marcello, mientras entraba en el dormitorio.-Hace días que no te veo igual, no comes, no hablas, no sonríes, como antes.



-El viento trae algo, lo siento cuando respiro, y no es algo bueno, tenemos que encontrar a Aysel, Akari y Abira, Marcello, siento que esta guerra, aun no esta ganada, todos se han olvidado de mis hermanas, y se que ellas son necesarias para la derrota de nuestro enemigo, quienquiera que sea, además, las necesito, como hermana, tu sabes lo que es eso, cuando Morgan se escapo, sentiste rabia, dolor, eso mismo siento, yo, solo que ahora no se escaparon, se las llevaron a la fuerza…



-Pero como dices eso amor mío, tu misma viste cuando los derrotamos, o hay acaso, algo que yo no sepa.-Dijo Marcello, haciendo caso omiso de su comentario sobre sus hermanas.



-Marcello, el se apareció ante mi, el día de la batalla.-Dijo Ara mostrándole la cicatriz que tenia en el hombro.



-¿Qué es esto Ara?- pregunto, escudriñando la cicatriz con su mirada.



-Esto, es lo que hace la espada de nuestro enemigo… con tan solo un roze.



-¡¿Cómo es posible?!



-vez, por eso digo, tenemos que seguir preparándonos, no sabemos cuando va a volver.



-Tienes razón, pero, mientras tanto, que tal si esta noche, me dejas borrarte la tristeza, aunque sea por una noche…-Susurro Marcello, mientras comenzaba a besarle el cuello.



-Sabes que, tienes razón, olvidémonos de ese bastardo, por esta noche.-Respondió Ara entregándose a sus besos.-Mañana pensaremos en como acabarlo…




Leslie M. Paredes O.


viernes, 9 de diciembre de 2011

Primer capitulo. Relato Cuatro Espadas


caía la noche sobre su cuerpo adornado solo con la belleza que poseía, y el puñal que cargaba, solo saber que hay estaba sentir el frío del acero contra su piel desnuda le hacia sentir segura, pero nada mejor que estar a su lado, al lado del hombre al que amaba, nunca en la vida había sentido algo igual y sabia que no lo volvería a sentir, el placer de ganar una batalla no era nada, comparado con el saber que aquel hombre al que todos respetaban estaba rendido ante su presencia, que ella había podido derrumbarlo capa por capa solo con el encanto de su belleza, su cuerpo, sus manos, todo su ser, acaparando la atención del hombre, se sentía como cayendo del cielo en paracaídas, cuando intento moverse, el la retuvo.

-quédate un momento mas... solo un instante.- dijo Marcello, con la voz un poco adormilada.

-sabes que quiero, pero no puedo, ahora no.- repuso Ara mientras se levantaba.- no te preocupes, volveré pronto.


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...pero la guerra debía seguir y ella estaba preparada para lo que viniese si estaba al lado del hombre que amaba al cual ella tenia entre sus manos, pero una parte de ella también pertenecía a el; esa parte del cuerpo que le había entregado en aquel instante en que ella se alejo la guerra en un momento de su mente y se dejo llevar por el roce de sus labios carnosos y por la seguridad que le trasmitía estar a su lado.


En estos momentos su cabeza estaba fría y solo pensaba en culminar lo que había comenzado, y encontrar a su hermana Abira, sentía que su hermana la necesitaba en esos momentos, que debía dejar atrás esos malos entendidos y egoísmos que la habían separado en el pasado y como consecuencia había sido el detonante de esta guerra.


Cuando abrió los ojos y diviso una guerra a su frente sintió que estaba en un teatro de títeres callejeros de esos que su madre las llevaba los domingos en la tarde después de ir a comprar sus caramelos de la tienda de la esquina. En los que había diferentes personajes pero todos con un mismo fin; enseñarte la moraleja. Pero en este caso no era una moraleja si no acabar con su enemigo, ese era el propósito, esa era la orden.


Ellos le ganaban en mayoría pero ella tenia algo que ellos no tenían, táctica y poder. Su cuerpo estaba esperando esto desde el momento en que ella tiene uso de razón, esto era una fuerza acumulada que se centralizaba mas y mas, pero ella sabia que no la podía utilizar en cualquier ocasión, su cuerpo le diría cual era la ocasión adecuada para explotar todos sus adentros y todo el conocimiento que había adquirido de su admirable amiga y nana, la Maga Asilen.


Pero desde hoy, dejaría atrás el sobrenombre de aprendiz por que estaba frente al desafió puesto para ella, su examen de admisión, el cual le costaría la vida si no aprobaba. Aunque se sentía preparada no dejaba de tener miedo, pues ahora mas que nunca sabia a que se había preparado y tenia frente a sus ojos el camino de una vida plena y alegre en caso de que elija enfrentarse, porque en caso de que el miedo incumbiera su corazón ella estaría aprisionada a un destino de desdicha, amargura, arrepentimiento y tristeza.


Pero no era momento de pensar en lo que le deparaba el destino, se acerco a la primera fila de combate, allí estaba EL dirigiendo todo; pero ella no se acobardo y decidió entrar, calculaba que unos 8 mil enemigos estaban en la primera fila, ella y 2 mil en total aseguraban el batallón completo de su parte, no importaba las cualidades cuantitativas sino las cualitativas, tenia eso muy presente.


Cuando iba a cortar la primera cabeza, sintió lastima, pero al momento de hacerlo se sintió fuerte, llena de furia y descontrol y en ese instante algo salio en su cuerpo y acabo con la mitad de ellos en solo instantes, ella no podía contener ese poder y solo se dejo llevar. No sentía que era ella, pero estaba orgullosa de que ese algo la estuviera utilizando como mediador.


Todos a su paso quedaba destruido no había enemigo que quedara en pie, ella había dado rienda suelta a su propósito, y estaba por alcanzarlo, cuando de repente sintió un roce en su brazo izquierdo y cuando tuvo tiempo de mirar, era sangre, pero no sangre enemiga, era sangre de su sangre, esta chorreaba débilmente pero lo hacia y sabia que dentro de unas horas si seguía a ese paso se iba desangrar, ¿Quién pudo haberle hecho eso? Entonces miro hacia atrás y diviso a aquel hombre de la capa roja con espada en mano chorreante y con su cuerpo dispuesto hacia ella como si la estuviera viendo desde hacia tiempo, ella quiso divisar sus ojos pero no pudo, y todo llego a su mente de repente, a este era a quien ella debía acabar, cuando quiso volver su semblante hacia el, se había esfumado, entonces hecho un vistazo por todo su alrededor y no lo vio, esa era una persona que hubiera podido divisar a distancia por que a su alrededor solo había muerte y ningún lugar donde uno pudiera esconderse.


En esos momentos escuchos gritos, gritos de vencedores, y era su batallón, habían ganado la dichosa guerra, pero ella sabia que no era así, por que el había escapado y solo era una demostración que este le había dado, le había regalado su primera guerra, ella sabia que este no era su verdadero fuerza, era solo un avistamiento, solo se conocían.

Después de asearse, y haberse limpiado la herida en su brazo diviso que era una línea curva, nunca había visto una marca igual, parecía una clase de serpiente, pero la cuestión era ¿Cómo pudo haber hecho esa forma? pero solo fue un roce,¿ y la espada?,¿ y la forma que tenia?, todo era tan difuso, nunca había visto que una espada pudiera hacer eso, era una cosa tan extraña.

Ella se tapo la herida, y la escondió con su vestido; pero lo que no pudo esconder fue la confusión que tenia porque su amado estaba allí observándola y le dijo:

- No pareces estar muy contenta, ¿no te agrado el triunfo?
- Si…lo estoy.
- Te pasa algo, te conozco, cuéntame

(Nunca le había mentido pero hasta que ella no entendiera bien lo que habia pasado,
No podía hablarlo con nadie ni siquiera con el)

- Estas alucinando, ven!!! Vamos a celebrar.

Ellos se unieron a los otros que estaban celebrando y ella disimulo un poco y se dejo llevar. Cuando ya todos dormían escucho un ruido extraño, pensó en salir e ir a ver que sucedía, pero luego pensó que debía ser uno embriagado que no encontraba su puesto, minutos después, logro recobrar el sueño.

Caminaba por un bosque, con grandes arbusto y lindos follajes apenas se veía el cielo por que arriba todo era árboles y unos cuanto rayos de sol se colaban como flechas doradas caídas del cielo, pero ella estaba siguiendo algo, que se escabullía entre las hoja, estaba feliz, y tenia el sentimiento de que ya había andado por ese lugar, pues se le hacia familia, solo se escuchaba su aliento sofocado y todo lo que sus pies cansados pisaban, entonces se dio cuenta de que era a su hermana a quien seguía, pero cuando la alcanzo y la abrazo, se volvió cenizas en sus brazos, y luego vio al hombre de la capa roja con unas sonrisa amplia en sus labios y en ese instante, despertó.

Deniris Olivero-Gage Rodriguez